Breve relato melancólico

Autora: Edita Falcó. Cirujana. Uruguay. Miembro de PRODIAGNOSIS

Recordaba viejos tiempos cuando leí la entrada del Dr. Vitolo, traducción de un articulo de.Abraham Verghese sobre el quehacer medico y descubrí que estábamos evocando las mismas cosas.Todo esto viene a propósito del papel que tiene el error de diagnostico en la medicina actual-

La pequeña ciudad del interior donde me crié estaba en comunicación con otra pequeña ciudad hermana separada por unos pocos kilómetros y los pobladores nos conocíamos  como una familia. La atención medica que en ese entonces era privada y accesible (la clase media ahorraba para-no-tener-que ir al hospital). Los médicos no llegaban a la media docena.Cada familia tenía su médico y consideraba naturalmente y con especial orgullo que era mejor que el de sus vecinos. Atendían en su consultorio pero pasaban la mayor parte en visitas domiciliarias, que eran verdaderas escenas: las sabanas de todo el día eran sustituidas por las mejores sabanas bordadas,  las toallas comunes remplazadas por otras de lino y largos flecos y se esperaba al médico con anhelosa respetuosa expectativa. Quien después de un completo interrogatorio y un minucioso examen físico y un final y cuidadoso lavado de manos emitía su diagnostico pronostico y tratamiento.`

Cabe recordar que el médico conocía al dedillo o antecedentes y enfermedades del árbol familiar.En los años que viví allí no recuerdo que se  solicitaran exámenes para clínicos ni consultas con especialistas excepto algún caso quirúrgico que era de inmediato trasladado al sanatorio. Los habitantes estábamos interconectados  como una red neuronal, sin wi fi todo se sabía y todos sabíamos lo que había sucedido y lo que estaba sucediendo.

En una época sin disturbios políticos ni crisis económicas la vida no tenía grandes zozobras.Pocas noticias generaban lo que hoy se conoce como alarma pública, y entre ellas la del médico que había equivocado un diagnostico.Un diagnostico tardío o realizado por otro colega era algo muy serio., La familia cortaba la relación,  buscaba a un sustituto y en las tertulias el relato de le enfermedad mal manejada se comentaba una y otra vez,”y eso que le dijimos que estaba decaído…que no era ella misma”. Había así médicos de primera, los que hacían visitas nocturnas sin hesitar y que no erraban al diagnóstico y médicos de segunda, de poca clientela y escasa consideración. Sé de médicos en otras partes que tuvieron que abandonar el pueblo después de un desacertado manejo.

Es que la medicina  era un duelo a mano limpia, entre la enfermed y el médico, desarmado, solo con sus conocimientos clínicos  sus ojos y sus oídos, y como alguien seguramente añadiría…con la silla.

Hoy dia los pacientes que salen del consultorio con exámenes que ni siquiera existían en esa época, con imágenes obtenidas por una tecnología impensada, no sienten tan profundamente la figura y la responsabilidad del médico,los protege un muro de tomografías, perfiles hormonales..e internet. Sin embargo los errores de diagnostico existen  y como!!

Y qué bueno sería tener el trompo del tiempo y poder observar en tiempo real a aquellos médicos que trabajaron durante décadas sin que se encendiera la alarma social por un error de diagnostico.

 

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2 comentarios sobre “Breve relato melancólico”

  1. Excelente mirada de una época que me tocó vivir también en mi pueblo del interior. Era impensada una interconsulta y plantearla al médico por parte del paciente o sus familiares podía considerarse una ofensa. Esto que parece una actitud paternalista y aun despótica del médico era justamente lo contrario. El médico se cargaba toda la responsabilidad del caso sobre sus espaldas. Hoy en cambio, el paciente es compartido por tantos especialistas como síntomas este presenta. Hay quienes piensan que cuatro ojos ven más que dos y que nunca está demás otra opinión. Pero también estamos los que pensamos que “muchas manos en un plato hacen garabato” y que lejos de estar más “atendido”, el paciente compartido por varios, transcurre su enfermedad en soledad ya que nadie se toma el caso como su propia y única responsabilidad

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